El niño de Bescansa somos todxs

Tengo una madre huérfana por tres veces: primero el pare, luego la madre y por último el marido. El último mazazo: el que le ha dejado el corazón metafórica y literalmente destrozado. Tengo dos hermanxs que viven para trabajar, el sueldo de uno de él apenas llega para subsistir. Tengo también dos sobrinxs hijxs de este último, que son felices, a pesar de la desesperación de sus padres y de los kilómetros que les separan del resto de su familia. Mis sobrinxs tienen una madre que no puede permitirse trabajar porque no podría costear las clases extra escolares y lxs cuidadorxs que necesitaría contratar para sustituir a mi cuñada y a mi hermano. Por su parte, mi hermana tiene un buen sueldo, “gana bien”, pero no sabe hasta cuándo y tiene 41 años.

el niño de bescansa
Tengo también una persona a la que adoro en el hospital , a cientos de kilómetros que sólo tiene un hermano, que también resultó afectado por el accidente de tráfico que tuvieron hace cuatro meses, que pueda cuidarla. Ella tiene otra hermana que está en la República Dominicana porque aquí no encuentra trabajo. Estos tres no tienen ni al padre ni a la madre que los trajeron desde Argentina en busca de un futuro mejor. Murieron y no dejaron más herencia que un apartamento y un inmenso amor. Las dos hijas abandonaron su trabajo para cuidar a su madre enferma de cáncer. Era la segunda vez que enfermaba.

Cuando mi madre tenía mi edad, tenía un marido, tres hijxs, un negocio, una madre huérfana por tres veces y cuatro hermanxs. Gracias a sus cuatro hermanxs y a ella, su madre huérfana por tres veces jamás pasó un día de su vida sola, ni una noche de hospital sola. Todos los meses unx hijx se mudaba a su casa, para que “Mama” estuviera acompañada siempre. Lxs hijxs de mi madre no necesitaron niñerxs porque no estaba prohibido jugar en la calle. Todxs estábamos en la calle, con las canicas, con los trompos, con las combas, con los cromos… depende de la temporada. Pero mi padre y madre,que sudaban y lloraban mucho en el negocio, quisieron que estudiáramos y tuviéramos un futuro mejor, en un lugar mejor. Lxs tres trabajamos en el negocio, estudiamos y vivimos en lugares mejores. Cuando mi padre enfermó, como las argentinas que abandonaron sus vidas para cuidar a su madre, yo, que era la única que no me había casado aún con el banco, me dediqué a cuidar al agonizante y a la futura huérfana. Cinco años más tarde, ella sigue siendo huérfana y yo sigo con ella. Mis hermanxs están solxs viviendo en lugares mejores, ocultando sus noches a solas en el hospital para no destrozar aún más el corazón de la más
huérfana de todxs.
Todxs estamos solxs. El estado, la globalización nos ha desamparado porque ha decidido que la única prioridad de un país es incrementar su PIB. Los niñxs no son lxs únicxs que sufren las consecuencias de la imposibilidad de conciliar la vida laboral y familiar, somos todxs. Y esto es así porque la ética del cuidado no forma parte de la legislación, cuestión que no deja de ser una contradicción porque el objetivo de las leyes es precisamente ése: cuidarnos, protegernos. No sólo unxs de otrxs, sino también unxs a otrxs.

Autor: Ángela Aragón

Lo que más me divierte en la vida es jugar con el lenguaje. Y esto es lo único que hago. Jugar y ver cómo lo hacen otrxs. Ya sea con textos propios o como redactora de marketing de contenidos, siempre vivo entre palabras. Como todxs. El mundo solo es una palabra

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