“Con un mínimo, todo es posible en esta vida”, entrevista al autor de Martín Zarza, Miguel García:

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Miguel García, gracias a El último Dodo Editorial

Miguel García se define a sí mismo como recolector de higos o pianista acompañante de poetas son algunas de las profesiones que Miguel García, hombre de su tiempo, ha desempeñado a lo largo de su vida. Esta rocambolesca proliferación de trabajos, su carrera, lo ha llevado hasta los confines mismos de Europa, concretamente al Mar Negro. Actualmente, necesitado de cierta inmovilidad, estudia Literaturas Comparadas en la Universidad de Granada. Además, es licenciado en Psicología por la Universidad de Sevilla, con una especialización en neurociencia. De su obra literaria, destruida o guardada celosamente por él, la novela Martín Zarza es lo primero que conocemos, de la  que conversaremos a continuación

En la novela se establece un contraste entre la vida en el siglo XX y el desasosiego del siglo XXI, gracias al juego de ausencia-presencia del tío de Martín Zarza y la vida del propio Martín ¿Quisiste desarmar así la idea de que hubo un tiempo en el que vivimos por encima de nuestras posibilidades?

La verdad es que en ningún momento he querido hacer esto o lo otro con la novela. Así que no, no he pretendido desarmar esa idea (por muy en contra que yo pueda, claro). Cualquier conclusión sociológica es de la cosecha del que la saque, no mía. Yo he intentado contar una historia lo mejor que he podido. Y es verdad que transcurre en nuestros años. Pero nunca me propuse nada más que eso.

Martín Zarza es un joven decepcionado y que ha dejado de creer en sus sueños ¿Crees que este nihilismo del personaje es habitual en la juventud de hoy?

Pienso que en el fondo, para algunas cosas, Martín es lo contrario a un nihilista. No tiene fe y es pesimista, eso es cierto, pero en el fondo no se resigna. Él quiere ser feliz, quiere encajar en la sociedad. El problema es que la sociedad se lo pone difícil. Por eso sufre. Creo que el nihilista (el nihilista de verdad) no sufre; está en un punto en el que todo le da igual. Martín, en este sentido, es un representante de su generación para algunas cosas, pero no para todas. En algunas va radicalmente en contra.

La novela empieza explicando el pasado de Martín Zarza como estudiante de cine y trabajador precario de la industria de los medios de comunicación ¿Dedicarse a las industrias culturales partiendo de un entorno con recursos limitados es posible?

Dependiendo de a qué llames recursos limitados. Sé que a lo mejor es una respuesta floja, pero es que es así. Ni todo está perdido, ni se puede salir adelante exclusivamente a golpe de ingenio. Para todo hacen falta recursos, al menos un mínimo (sobre todo para poder pensar con algo de calma). Pero con un mínimo, todo es posible en esta vida. La solución, a mi entender, está en juntar en una misma habitación a varias cabezas pensantes y ávidas de creación, y azuzarlas un poco con el miedo al vacío y a los trabajos precarios. Los humanos, esto se olvida con bastante frecuencia, también somos un recurso.

Teniendo en cuenta lo que ocurre a mitad de la novela entre Martín Zarza y sus antiguos compañeros ¿Quisiste colocar la competencia, la voluntad de poder, como principal motor de éxito profesional?

No sé si quise hacer eso. Desde luego, pienso que esas cosas contribuyen hasta el punto de que son casi requisitos para éxito. De todas formas, creo que en la novela no se da una visión unívoca de todo eso. La competencia, la volutad de poder y demás pueden ser las cosas más saludables que hay. También las más nocivas. Esta ambigüedad las hace encantadoras.

En el libro se clasifica a las personas en dos grupos “gilopollas” y “capullines? ¿Qué diferencia hay entre estos dos?

¿Dónde pasa eso?

Habría que tener una precaución antes que nada con eso de “en el libro”. Habría que diferenciar, por un lado, lo que uno entiende al leer libro (única cosa de la que se puede hablar en rigor), por otro, lo que dicen el personaje y el narrador, y por otro lo que yo quisiera decir en el momento. En este caso entiendo que hablamos de lo que dice Martín. La verdad es que no recuerdo la teoría de los capullines y los gilipollas, no sé en qué punto la dice, a qué se refiere… Pero está claro que lo de clasificar a las personas es algo que Martín hace mucho (como todo el mundo, por otro lado). Pero casi siempre se equivoca. Sobre la pregunta, qué diferencia, pues no sé, ya digo que no sé a qué se refiere, pero no creo que haya ninguna. A lo mejor está en eso la clave, si es que la hay. Al final, el fallo de todas las clasificaciones es siempre el mismo: estás dividiendo de forma artificial cosas que están unidas por un continuo natural y complejísimo; te estás equivocando. Martín, si hace eso, es las dos cosas, es un capullín y también es gilipollas. Así lo vería yo ahora.

 En el caso de las mujeres también sucede lo mismo, se dividen las mujeres en las que están buenas y las que no ¿Por qué?

De nuevo, puntualizo que en todo caso, esa división la hace el personaje. ¿Por qué? diría que porque es una novela que aspira a ser realista. Pensemos en el diálogo que se suele dar cuando chico conoce a chica: “he conocido a una chica que estudia tal y que hace cual cosa en tales circunstancias…”. La otra persona puede preguntar luego esto o lo otro, pero más tarde o más temprano, acaba soltando un “¿pero está buena?”. Y esto ocurre también con el chica conoce a chico, chico conoce a chico y cualquier otra combinación. En todos los casos aparece casi de forma definitiva la preguntita. Resultaría inverosímil si Martín funcionase fuera de esa lógica. De todas formas, a la hora de la verdad, Martín se mueve siempre muy lejos de los extremos. También en esto se ve que lo de las clasificaciones son artificiales y erróneas. La realidad siempre discurre en un margen despolarizado de grises, complejidades y demás fugas constantes de cualquier sistema humano.

 ¿Está la relación de Martín Zarza y el sexo marcada por el consumismo?

Creo que en parte sí. Creo que es de lo más habitual, además. Hay un vínculo en realidad difícil de romper. La selección sexual, que lleva funcionando desde hace ya un tiempito, es casi una precursora del consumismo. Elegimos, o tenemos la fantasía de elegir, constantemente. Elegimos y consumimos. Consumimos, nos consumimos y nos consumen. Etcétera. Creo que siempre ha funcionado así la cosa, solo que hoy es más evidente que nunca. Y más obsceno, claro.

Siendo esta tu primera novela ¿Cuáles han sido las dificultades que te has ido encontrando en el camino del proceso creativo?

No termino de creer en las dificultades del proceso creativo, aunque las haya, claro. Quiero decir: lo más complicado no es escribir una novela; eso es un disfrute, incluso en los momentos de angustia (yo llegué a cargarme más de 170 páginas del libro, varios meses de trabajo, de un solo golpe, porque no me convencían). Lo verdaderamente jodido es procurarse unas condiciones de vida favorables y lidiar con las que son desfavorables. O sea, lo verdaderamente difícil de una novela no está tanto en la novela, como fuera de la novela, en la vida de uno. La novela, por muy exigente que sea uno consigo mismo, y yo me considero bastante exigente, es un juego, un disfrute. Por eso no me gusta hablar de las dificultades del proceso creativo. En cierto modo, sobre todo teniendo en cuenta lo puta mierda que es la vida en la mayoría de trabajos, me parece casi indecente hablar de dificultades. Si uno pudiese escribir tranquilamente, bien alimentado, sin presiones ni angustias vitales, esas dificultades serían tan dulces y tan divertidas que no habría que considerarlas dificultades.

Sobre lo de que sea la primera novela, pienso que el que escriba con más facilidad la segunda que la primera, hace trampa. Cada vez, uno tiene que complicarse lo mismo las cosas: todo lo que pueda.

¿Por qué elegiste combinar la primera persona y la tercera omnisciente?

En rigor yo no elegí (sé que siempre digo lo mismo, pero es lo que hay). Sencillamente, cuando me quise dar cuenta, las cosas se me habían puesto de esa manera, y yo empecé a sentir que la historia iba bien por esos cauces. A posteriori, claro, puedo dar muchas explicaciones: hablar sobre el conflicto entre la subjetividad y la objetividad, la alternacia entre los tonos de los narradores, el ritmo y demás cosas, pero eso sería hacer trampa, porque no veo la elección por ninguna parte.

  ¿Fue duro poder entrar en el circuito comercial?

Fue, es y seguirá siéndolo, seguramente, porque no se trata de entrar y quedarse uno dentro, viviendo a tutiplén. Se trata de estar ahí, de mantenerse en la cabeza de la gente, para aparecer en el momento oportuno, el momento de pagar. Y eso puede llegar a ser muy coñazo.

Hace cosa de un año, me acuerdo, vi que Barenboim firmaba discos en un Corte Inglés de Sevilla. No me imagino a Daniel Barenboim diciéndole a su manager o a quien fuese: “oye mira, ¿y por qué no hacemos una firma de discos allí, para que me vea mi público?” No. La cosa seguramente sería justamente al contrario, y sin ese tonillo amistoso. Hoy en día hasta Daniel Barenboim tiene que firmar discos. Imagínate qué no hará un mindundi como yo. Sin embargo, no dejo de sorprenderme con lo igualadores que pueden llegar a ser algunos “medios de internet

. No sé ni cómo llamarlos. Hoy en día, a poco que te pares a pensar (y no tengas miedo al ridículo, sobre todo esto), puedes luchar a veces en igualdad con los que tradicionalmente han copado todos los canales de promoción, venta y demás. Supongo que, como todo, al final si te lo tomas como un juego, no es tan difícil, ni tan humillante, ni tan nada. Pero para vivir eso como un juego, hace falta estar libre de ciertas preocupaciones. Aquí interviene lo de los recursos mínimos que hablamos más arriba.

 Cuestionario:

 Si pudieras ser un escritor ¿Quién serías?

Cualquiera de los pocos que no vivieron como perros. Me conformaría con eso.

¿Y una escritora?

¿Hay alguna que haya vivido bien? ¡Esa!

Un personaje.

El valeroso soldado Schwejk.

Una frase que te habría gustado decir

“De todos los árboles del jardín puedes comer, pero no comerás del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que comieres de él ciertamente morirás”… ¡Puestos a elegir!

Un libro que no recomendarías

Hmmm… Algún pestiño de psicometría que me tuve que tragar cuando estuve en la universidad.

Un libro que releer

Diré dos, con tu permiso: El Quijote y Trainspotting. De este último me acabo de acordar. Llevo tiempo queriendo releerlo. Pero no puedo quitar el Quijote.

Un libro que no acabaste

Supongo que te refieres a un libro que me avergüence haber dejado a medias. El idiota de Dostoievski. La verdad es que me pasa a menudo. Si un libro no termina de atraparme lo dejo. “Selaví”.

Martín Zarza es relevante por…

A lo mejor porque no intenta dar respuestas relevantes sobre nada. Todo el mundo parece saberlo todo sobre todas las cosas. Constantemente nos ponemos categóricos y se ponen categóricos con nosotros. Martín lo intenta también, el personaje quiero decir. También él intenta clasificar el mundo y todo eso que hablamos antes. Pero se equivoca. Eso me gusta del libro.

Podemos esperar de Martín Zarza…

Pues lo que dije al principio: la historia de un personaje joven de nuestro tiempo. Ni más ni menos, como decían los Chichos.

 

 

Autor: Ángela Aragón

Lo que más me divierte en la vida es jugar con el lenguaje. Y esto es lo único que hago. Jugar y ver cómo lo hacen otrxs. Ya sea con textos propios o como redactora de marketing de contenidos, siempre vivo entre palabras. Como todxs. El mundo solo es una palabra

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