Niñas de María Castrejón: un artefacto lingüístico para dejar de ser un coño

Soy la niña que ya no te ama
(…) ha sido tan sencillo dejar de quererte

Título: Niñas

Autora: María Castrejón

Género: poesía

Editorial: Huerga&Fierro

Disponible en: Huerga&Fierro 

Conocí a María Castrejón como se conocen a la mayoría de lxs poetas en estos días: en un vídeo de Youtube al que llegué cuando me documentaba sobre Remolinos en Septiembre de Antonia López Valera. Se trataba de una lectura de poemas donde presentaba algunas de las niñas que aparecen en el poemario y algunos de su obra anterior Volveré mucho antes de las doce.  Visioné los vídeos que encontré varias veces seguidas, cada poema era un mapa lleno de territorios imprescindibles. Quise saber más y leí cosas como:

no me sale del coño

escribir

me sale de los orificios de mis orejas”

Volveré mucho antes de las doce, Egales editorial

Leí Que me estoy muriendo de agua, una guía de literatura lésbica española que ya tengo emborronada con bolígrafos y subrayadores y Volveré antes de las doce, prologado por dos referentes intelectuales Itziar Ziga y Concha García para terminar releyendo Niñas. Cuando terminé con el incesante final de “soylaniñasoylaniñasoylaniña”, pensé que el libro era un artefacto semántico y lingüístico que pretendía acabar con el esencialismo, el atávico y el que se desprende de gran parte de los enfoques de los estudios de género.

Visibiliza todos los tópicos existentes alrededor de las mujeres, empezando por la eterna minoría de edad presente no sólo en el título, sino también en el primer verso de cada poema “soy la niña…” Por tanto, comienza el autorretrato de estas mujeres con la asunción de que son básicamente lo que dicen lxs otrxs para posteriormente relatarse, contarse a sí mismas. Son putas, son libres, son violadas, son mecánicas, madres, hijas de alguien, funcionarias, lectoras de “revistas de hembras” o grandes masturbadoras. Son, son, son, dicen, dicen, dicen.

Hablan de forma directa, sin pelos en la lengua, aunque eso no les impide jugar con el idioma que las nombra y con el que se narran a sí mismas. Las niñas de María Castrejón apuntan y disparan a las sienes de nuestras conciencias a través del encabalgamiento y la imagen. Cada una es un universo punzante y alegórico, rabioso o solitario las más de las veces. Sin embargo, no parecen aspirar a esa soledad, sino más bien a derramarse y a acabarse para empezar. The end y a volver a comenzar, para olvidarnos del verbo ser y subirnos al verbo vivir, con todas las consecuencias, para ellas, que quizá ya no serán ellas, sino ellxs, agentes de su propio transcurrir consigo mismxs, contigo, con nosotrxs, sin coños y pollas que nos definan.

 

 

Galápagos

Mi tortuga mató de hambre a su compañera

 

Mi tortuga mató de hambre a su
compañera.
Mi tortuga salta la pecera y se esconde debajo de la
cama.
¿Qué piensa mi tortuga cuando llueve
y sólo puede girar sobre su propio
eje?