¿Qué pensarías en tu sillón beige?

sillon-beige-angelasaragon-cáncer

¿Qué pensarías en tu sillón beige, comprado expresamente para que sobrellevaras tu agonía? ¿Qué pensarías cuando me veías pincharte la insulina o abrirte la boca a la fuerza para meterte pastillas que luego escupías? ¿Qué pensarías cuando sacaba el folio de la medicación? ¿Qué pensarías cuando mamá te sacaba la mierda del culo porque ya no tenías fuerza ni para cagar?

Qué absurdo tendría que ser todo en tu cabeza, al menos cuando la bilis no se apoderaba de ti, ¿siempre era así? A veces me pregunto si a pesar de aquel amarillo comprendías lo que decíamos. Yo creo que sí, estoy segura de que en muchas ocasiones, sí. Y entre todas ellas, tuviste que elegir los últimos minutos, antes de sedarte. Me llamaste y dijiste al aire, “¿ya me vais a dejar?”

Y con esa frase me perseguiste durante años, cada vez que soñaba contigo. En realidad no eras tú, era yo la que me atormentaba. Tú nunca habrías hecho eso, ni siquiera como fantasma. Tú preferías hablar siempre de cualquier cosa, antes de hacer un reproche. Por eso, no sé si los tenías.

Nunca te conocí bien, así que no tengo ni idea de cuáles eran tus quejas. Qué no te había gustado de tu vida, qué no te gustaba de mí o del resto de tus hijos, si querías a tus padres menos de lo que los respetabas o temías. Siempre hablándoles de usted… Así que dudo mucho que de tener alma después de muerto, te acercaras a mí para vengarte o para echarnos algo en cara. Para echármelo a mí.

Me gustaría preguntarte tantas cosas de aquel día, de aquellos meses… pero no puedo. No estás. Has desaparecido para convertirte en un recuerdo que yo no he elegido.  Ojalá fueras para mí el superhéroe que reconocen mamá y los tatos. Mi recuerdo es el de una risa y un hombre muriéndose, pudriéndose poco a poco, por dentro, segundo a segundo, hasta descolgarse y desmembrarse.

Ahora solo me queda eso: dudas, agonía, descomposición, polvo de huesos.

Qué pensarías.

El Cuadro del dolor, de Ana Castro

Poema El cuadro del dolor, de Ana Castro, editado en Renacimiento

Las alas de sus murciélagos crepitan sobre el techo de mi baño.

Su ser hija hilvana mis pies,derechitos al suelo.

El suelo es el antes,durante y el después

La Invención de Morel

Me mira todo el rato y yo a él.En la caverna,la de adentro y la de afuera.Me cruzo con él,con ellos.Todo el mundo habla,se hablan.Nadie escucha.Solo les mueve su propio deseo. Al final,quedan las palabras.Disueltas y diáfanas.Quién será el siguiente en caer en la trampa.