Flores de coltán: el parque

Las dos mujeres están en el parque. Los niños implosionan a su alrededor. Sentadas en un banco en el margen izquierdo se sujetan las sientes con las palmas de las manos. Hieráticas. Continúan la risa y el correteo en frente. 

Mujer 0: Somos hebras digitales que oscilan en el vórtice de sus ondas LED. 

Cuatro grupos de cinco niños y un adulto se apilan en las esquinas del rectángulo. 

<Adultas>decid patataaaaa

Obedecen. Los adultos los ovillan y los circundan. Buscan una fotografía de 5 dimensiones. 

La Mujer 0 cruza las piernas, apoya el codo sobre el muslo y el mentón sobre el puño. Nuestra memoria es un fotograma velado. Descuartizado

<Adultas>: saludad al papáááááááááá

Obedecen. La coreografía se repite en las cuatro esquinitas. 

Las dos mujeres adosan su espalda al banco, juntan las rodillas. 

<Mujer 0>Estos niños serán más felices que nosotras. <Mujer 1>. Y más sanos. En el el diccionario de la Lengua, “salud” significa “sentirse bien”. 

Hileras infantiles en diagonal. El tobogán está en el centro. Quien llegue antes, decide.

Las miradas de las mujeres se tropiezan y se repelen. Ojos a los pies, manos muertas, hombros caídos. Inspiran y un pentágono de adolescentes se acerca por la derecha. Espiran proteínas. 

<Mujer 0>¿Recuerdas a Jim Morrison y Virginia Woolf? Las pupilas se mantienen en la grava. <Mujer 1>. Sí, y el Sol. El deseo de poseer la conciencia de las cosas, de los vestidos y de la selva.

Meñique sobre meñique, frente con frente. Mujer 0 y <Mujer 1>¿Recuerdas el no matter what? Los cuellos se descuelgan, barbillas en el pecho. Pose. 

<li_adolescente 1> pásame el link de las dominadas, las costillas me atraviesan la piel cuando lo intento. Mira, tengo una infección</li_adolescente1> 

Mujer 0: La curiosidad es una lengua muerta. Mujer 1: Serán más felices que nosotras. 

<li_adolescente 2>: pásame el del dorsal anterior, estoy ciclando el posterior.</li_adolescente2>

 <li_adolescente_3>. A mí se me está pixelando el glúteo. </adolescente_3>

<Mujer 1>Serán más felices y más sanos. <Mujer 0> Sí, sin pollas erectas ni coños mojados. Sin significados. Sin sangre, sin semen. < Mujer 1>Niños con salud.

La Mujer 1 levanta la cabeza y la gira, primero a la izquierda y luego a la derecha. La Mujer 0 insiste en el cuello inerme. La 1 le acaricia el hombro. Las dos regresan al frente. Erguidas. La Mujer 1 señala al tobogán ¿Ves? Se ríen. <Mujer 0> No te empeñes <Mujer 1> Y sanos <Mujer 0> Y hechos de nosotras, de nuestra energía. Atómica, <Mujer 1>Uno como ese, solo te pido uno. Señala con firmeza a uno <Mujer 0> No te empeñes. No podría. La culp  <Mujer 1>Sí, sí, sí, sí <Mujer 0>No puedo. Otra persona, onda expansiva. No puedo. No quiero. 

No quiero que nuestros hijos sean felices.

 

Flores de coltán: Tabú en la adormidería

Cuando tenía quince años, me encantaban las palabras “abulia” y “esperanza” #Floresdecoltán

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Dos hombres con piernas biónicas atraviesan la Adormidería.

Zancadas hacia adelante y hacia atrás. 

<Mujer 1>Cuando tenía quince años, me encantaban las palabras “abulia” y “esperanza

<Mujer 0>Mis preferidas eran “ojalá” y “nada”

<li_camarero> ¿Qué es?</li_camarero>

<Mujer 1> Cebada con tres bites de espuma

<Mujer 0> Infusión de fibra óptica y cuchillas <li_camarero> Listo </li_camarero>

La comanda impresa en la niña de los ojos. Arial. Básico.

Las flores se miran. La Mujer 0 esconde la chincheta que guardaba en la mano. Se tocan.

<Mujer 0>Piernas biónicas, ¿eh? Hoy “bio” significa “automático”, ¿Cómo voy a explicar a los hijos que quieres y tendré por ti cuál era mi oficio? ¿Cómo hablarles del jardín?

<Mujer 1>“oficio” es una palabra en desuso referida a una ocupación habitual. Ocupación habitual. Los hijos que yo quiero y no tendré por ti no conocerán estos conceptos. Nuestros sintagmas están desapareciendo

Nunca se dirán “te quiero”.

Nunca se dirán “te quiero”.

<Mujer 1>Pero tendrán nuestros cuerpos y nuestro aliento. Yo aún respiro malva. Y tú…  conservas el jardín en la lisura de tus pechos, de El camarero coloca la bebida en la mesa.

La Mujer 0 alarga la lengua. El jardín, la tierra, el insecto. El rojo. Cuchillos. Sangre. Garganta. Rojo. Oculta. Traga. Ella respira malva. Tendrán nuestros cuerpos y tu aliento

La Mujer 1 bate la cebada. Intersección, moléculas, inclusión, ficción, la lisura de sus pechos.<Mujer1>Y tus recuerdos, y la flor que guardas en el colchón.

Las mujeres se miran. Se tocan. Te quiero. Me quiere. Te quiero. Me quiere

 

In memoriam…Transparent: la serie de los parias de la tierra

¿el género es un sentimiento? ¿usaremos ese verbo “sentir” porque no tenemos una palabra que exprese lo que significa la realidad trans? ¿no somos todes muy trans? ¿no nos sentimos insatisfeches con quiénes somos o con cómo somos percibides?

Transparent no ha muerto. A Transparent la han matado, pero, como sucede en las mejores agonías, en el último capítulo, una película musical que, reconozcámoslo, a todes nos echó para atrás cuando nos enteramos de su existencia, parece haber encontrado la verdadera esencia de la serie: una llamada a construir la felicidad en el destierro. Este es, a mi juicio, lo que aporta Moura a la familia Pfefferman: la oportunidad de salir de la normatividad y buscarse a sí mismes, con el terremoto que eso supone.

A pesar de la fascinación que siento por Transparent, reconozco que, al principio, me costó entrar en ella. Aunque la trama principal, mi padre y mi ex marido es una mujer trans, atrajo en seguida mi atención, no conseguía empatizar con unos personajes privilegiados socioeconómica que vivían en casoplones y recurrían a la chequera de papá, a Mapa, como llamarían a Moura tras su salida del armario. Quizá fue la, por entonces, Ali quien consiguiera que al tercer intento, me enganchase y más que eso, se convirtiese en una de mis series de referencia. Sin embargo, la frase de Moura “no me estoy vistiendo de mujer, todos estos años me he vestido de hombre”, me resonaba en la cabeza. Tal vez, por eso, le di tantas oportunidades. De alguna manera, todos nos disfrazamos, pensé, de hecho, ahora caigo, Ali aún estaba buscando su disfraz.

Tampoco entendía del todo por qué el judaísmo tenía tanto protagonismo, aunque pronto comenzó a interesarme: es curioso que una familia que podría pasar por laica estuviera tan arraiga a una religión y a una cultura que, al menos yo, tomaba como obsoleta y reaccionaria, como todas las sociedades fuertemente ligadas a una religión. En cualquier caso, encontré un gran placer intelectual al ver ese fenómeno extraño: una manera de vivir, pija, snob, chauvinista, pero con unos vínculos familiares y culturales muy fuertes y contradictorios con las características anteriores.

La serie de Amazon me emocionaba con una cabecera simplemente magistral, me intrigaba con las reacciones locas y desmadradas de les hijes, me enternecía con la soledad de la madre, con la complicidad entre ella y Moura y, ahora sí, me reconocía en la red de apoyo que la comunidad trans había sabido construir (aunque las condiciones materiales de esa red de apoyo, empezando por el Centro de la comunidad, también me dejaban ojiplática: aquí es ciencia ficción). Pero mi relación con Transparent ha sido más de choque intelectual, de un recibir hostias sin saber de dónde venían, que del fanatismo entusiasmado propio de sagas como Juego de Tronos. Ahora me doy cuenta de por qué: tenía tantas preguntas, las tramas me suscitaban tantos interrogantes que no podía salir de la sorpresa.

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Transparent Finale me ha llevado a detectar esas preguntas, algunas de las cuales ahora, y siempre, están presentes en el debate interno del feminismo ¿ser trans implica comportarse heteronormativamente? ¿por qué llega una persona a decir “me siento una mujer” o “me siento un hombre”? ¿el género es un sentimiento? ¿usaremos ese verbo “sentir” porque no tenemos una palabra que exprese lo que significa la realidad trans? ¿no somos todes muy trans? ¿no nos sentimos insatisfeches con quiénes somos o con cómo somos percibides? ¿por qué cuando pensamos en nuestra propia transición a quienes queremos ser recurrimos al cuánto y no al qué ni al cómo? ¿no estamos faltes de preguntar por qué?

Tras haber podido poner en pie todos esto, y alguno más, he llegado a la conclusión de que sin saber verbalizar lo que me pasaba con Transparent, esta serie tiene el potencial de cambiar vidas, probablemente por el desconcierto que genera. Porque sí, todes somos trans en uno o varios aspectos de nuestras vidas. Todes andamos buscándonos, construyéndonos y todes nos sentimos fuera del sistema de algún modo. Por eso, es tan importante tener una red de apoyo, personas reales que están ahí para aceptarte como eres, con tus contradicciones contigo misme y con lo que no se espera de ti. La comunidad lgtbi+ sabe mucho de eso. En eso consiste su revolución, nuestra revolución: cada une de nosotres hemos sido y hemos tenido hermanes de acogida, gente que nos ha dado la oportunidad de ser quienes somos, sin juzgarnos y sin juzgar. Y aquí es donde también me empieza a cuadrar la insistencia en el judaísmo privilegiado: si viene del destierro milenario y del genocidio, ¿no debería ser el judaísmo la cultura de  les que perdieron la tierra, de les desterrades, de quienes no significan nada? ¿No debería la comunidad judía ser la red de apoyo de les desahuciades? ¿La libertad fuera del margen?

No puedo esconder mi entusiasmo, como tampoco puedo obviar que hemos llegado a este Transparent Finale se lo debemos al despido fulminante de su protagonista, Jeffrey Tambor, un hombre cishetero acusado de acoso sexual por varias personas de la serie. Dos paradojas. La primera está vinculada a la reivindicación del colectivo trans: si hay un personaje trans, ¿por qué no lo interpreta alguien del colectivo? La segunda, que el actor que encarna la necesidad de emprender esa búsqueda de la verdad íntima a través de una colectividad que te ama y te respeta incluso cuando no te entiende, esté acusado de violentar la libertad sexual, laboral y emocional de sus compañeres. Dos paradojas que fuera de la ficción que ¿vienen a reforzar los valores de la serie? Más preguntas.

Lavadora oxidada

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Una cápsula acristalada. Una lavadora oxidada. Encima, un cubilete azul lleno de agua con lejía. Entre el cristal y el extremo derecho de la máquina de aparentar limpieza, una bolsa de basura a rebosar. Los restos orgánicos alumbran 3 gusanos.

Música.
Pista 1: un hombre busca a una mujer. Ella lo espera en la adormidería: quiere bailar. Él vuelve de vender mapuches en la satrapería. La Mujer 0 se desatornilla la cadera y libera el muelle de la rodilla izquierda. Se contonea y sonríe, mientras separa la ropa interior.
A mi amor le gustan las canciones alegres. Yo quisiera escribir una para ella, pero no me sale ni una fusa. La alegría y mi sintaxis son dos líneas paralelas.

No comparten el centro.
La pista 1 se silencia para dar paso al periodista reborn que presenta el éxito de la última semana. La mujer asombra al hombre con el LED de su mirada: es amor eterno.
Pero la vida es otra cosa: es carne, saliva, lamerle las verdades y tragarme sus mentiras. Por suerte, puedo lavarle las bragas, incluso ahora, cuando la menstruación ha oscurecido el fondillo y debo frotar. La intimidad es sucia.
Pista 3: un amor de verano. La mujer es la sinopsis de su recuerdo, él fabrica coitos a domicilio. Tambores caribeños: tu,tum,tum ka,tu,tum,tum,ka. Un acordeón repta en las transiciones.
Pero a ella le gustan las canciones alegres y a mí… a mí no me salen. Mi mirada es periférica desde antes de crecer. Antes de que me regalaran el segundo beso, ya escondía la verdad en los márgenes.
A ella le gustan las canciones alegres. A mí, lavar su ropa interior. Sucia. Feliz