Las amantes de Jelinek descosen a todas las mujeres

Poema-reseña de Las Amantes, novela de la Premio Nobel Elfriede Jelinek. Dos mujeres se visten de todas las mujeres. Briguitte cose, Paula quiere coser

Poema-reseña de Las Amantes, novela de la Premio Nobel Elfriede Jelinek, publicada en el Aleph Editores. 

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Dos mujeres se visten de todas las mujeres. Briguitte cose, Paula quiere coser. Las dos buscan que un hombre las preñe. Esa es toda su suerte. Buena. Mala. Poseer. Retener. En una Austria, sin nombre, que, entre montañas, las amamanta, para abandonarlas. A su suerte. Que es la de todas las mujeres. Un bebé y un hombre bueno, que bese y traiga dinero. Que agrande la casa para, ojalá, un niño que pueda follar, preñar, siempre al alza. Haga lo que haga, un hombre siempre es un valor. Pero Briguitte y Paula, como todas las mujeres, están penden de la misma percha: saldo, rebaja, ganga, segunda mano, aunque solo el semen del hombre bueno las haya tocado. Dos mujeres descosen a todas las mujeres. Abandonadas. Casadas.

Abandonadascadasdas. 

La Bella Varsovia y Pre-textos apuestan por la poesía escrita por mujeres

La palabra del año 2017 en las redes ha sido “feminismo”. Internet se ha convertido en un espacio de discusión inesperado, o no, en este sentido. Junto a ella, se han multiplicado las acciones de visibilización del papel de las mujeres en todas las disciplinas. En el caso de la literatura, ha destacado el fenómeno #leoautoras. Pero para leer, hace falta publicar. Así, La Bella Varsovia y Pre-textos comienzan el año con la publicación de libros de poesía escrita por mujeres.

La palabra del año 2017 en las redes ha sido “feminismo”. Internet se ha convertido en un espacio de discusión inesperado, o no, en este sentido. Junto a ella, se han multiplicado las acciones de visibilización del papel de las mujeres en todas las disciplinas. En el caso de la literatura, ha destacado el fenómeno #leoautoras. Pero para leer, hace falta publicar. Así, La Bella Varsovia y Pre-textos comienzan el año con la publicación de libros de poesía escrita por mujeres.

La Bella Varsovia, editorial pionera en la publicación de poesía escrita por mujeres

Esta pequeña y joven editorial andaluza puede presumir de tener en su catálogo los mejores poemarios publicados en los últimos años. Ha sabido reunir a las voces más rompedoras de una generación en la que las mujeres están en la vanguardia. No es de extrañar, por tanto, que sus novedades de 2018 estén marcadas por las presencia, casi exclusiva, de mujeres comprometidas con la poesía.

Berta García Faet, Corazón tradicionalista. Poesía 2008-2011

poesia escrita por mujeres para escaparse

No estamos ante una antología, sino ante la edición de los primeros cuatro libros de Berta García Faet en un solo volumen. Estos tienen la suficiente entidad y unidad poética  para merecer un título de esta índole. Disponible ya en enero, podremos hacer un recorrido por sus temas y, sobre todo, por esa manera tan especial de tratar el lenguaje y reflexionar sobre el mismo. Quienes amamos este género, nos entusiasmamos con su propuesta.

Por tanto, encontraremos Manojo de abominacionesNight club para alumnas aplicadas, Introducción a todo y Fresa y herida.

María Martínez Bautista, Galgos

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La joven poeta madrileña cuestiona nuestra forma de mirar el mundo. Con temas clásicos en la poesía escrita por mujeres y en todo el género, como el paso del tiempo, la felicidad o la bella, sorprende por la limpieza y precisión de su escritura. Con ella crea una música profunda por la que nos moveremos ¿a toda velocidad?

Natalia Litvinova,  Cesto de trenzas

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La personalidad de Natalia Litvinova ya es incuestionable. Sabe escarbar en unos orígenes que constituyen un sustrato poética descomunal para construir una voz única: tuvo que huir de Bielorrusia tras el desastre de Chernóvil. Si bien ya en sus otros poemarios investiga en la genealogía, en los paisajes familiares, recordados o imaginados, en el desarraigo de lo que apenas se conoce…, aquí subraya el conflicto a través de una historia más concreta, pero igual de salvaje.

Pilar Adón, Las órdenes

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El hogar familiar puede ser un cobijo o un abismo. En el caso de las mujeres, los roles que se nos asignan suponen una amenaza tan radical como el imaginario de la autora. Así, pues Pilar Adón se suma a esa poesía escrita por mujeres que reflexiona sobre los obstáculos que debemos sortear ya en nuestro origen.

Pre-textos edita a mujeres premiadas

Este sello abre 2018 con dos mujeres premiadas y muy premiadas, habida cuenta de que han recibido dos de los premios de poesía más prestigiosos, el Premio Internacional de Poesía Emilio Prados y el Premio Vicente Núñez de poesía Premio Vicente Núñez de Poesía 2017, respectivamente.

Gracia Aguilar, Libérame domine

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Gracia Aguilar se presenta como una mística de la tierra, del aquí, de todos. Revisa una tradición literaria que pide a Dios la muerte para poder encontrarse con él, para vindicar el deseo de ser todas las cosas aquí, en la vida terrena. Aquí tienes el dos poemas que ejemplifican dicha pulsión.

Ana Pérez Cañamares, El espejo discreto

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Ana Pérez Cañamares ya tiene un espacio propio en la literatura. Quizá sea la propuesta más intimista  de las seleccionadas. Pero lo íntimo, la mirada hacia adentro puede ser tan potente y universal que la que mira hacia el afuera. Por tanto, en El espejo discreto, nos encontraremos un juego de resonancias y reverberaciones con los que la poeta jugará para ponerse y ponernos en cuestión.

Los textos citados no solo nos servirá para continuar con esa estela tan hermosa de leer autoras, sino para conocer y disfrutar con algunas de las voces más interesantes de poesía en español actual.

 

Chocar con algo, de Erika Martínez:Una mujer con O

Una mujer con O escribe desde un lugar

Poema-reseña de Chocar con algo, de Erika Martínez, editorial Pre-textos

Una mujer con O escribe desde un lugar.

El miedo y el nido

Vacío

Sin cigoto,rebosante de gametos.

Una mujer Con O forja ese hilo que atenaza las sílabas.

A veces,muerde las paredes del hogar.

Hoy la mujer con O se traga la cal y el cemento

Saben a obrero,a hipoteca y a calzón manchado.

Todos subordinados.

La mujer con O se acuesta en el fondo de su biblioteca.

Esta noche el suelo la absorbe.

A ella,a las hojas,a la madera,a la tinta y al mármol.

Solo queda el aire.

Invisible, colmado

Los apegos feroces: Nueva York no es Woody Allen

Una mujer viscosa repta por las aceras. Arrastra una larva. La cría tiene ínfulas de solidez

los apegos feroces angelasaragon

Poema reseña de Apegos feroces,de Vivian Gornik,editado en Sexto Piso

Una mujer viscosa repta por las aceras. Arrastra una larva. La cría tiene ínfulas de solidez. De ingravidez. Volaré, repartiré historias, degollaré a los violadores, a los alcohólicos, a los puteros y a los santos. A los hombres buenos que solo están. Y miran. Todos miran. Todos penetran. Les rebanaré el pescuezo con mis propios dedos, les clavaré la lengua en el centro de los ojos. La mujer viscosa se detiene, cansada. La larva también. Adora su ser blanco, su estirarse más allá de la ciénaga. El deseo es más fuere que la miseria. La mujer viscosa reemprende su arrastre, anhela el rojo del semáforo de la calle 13. Mira a la larva. No la entiende. Degollar a quién. Degollar por qué.
Por fin el rojo. Se observan. Se ven. La una a la otra. No pueden, no tienen fuerza para tanto ojo. Echan la vista atrás para esquivarse. No recuerdan, no pueden. No articulan, ¿de quién esa baba?

Redes

una mujer arabe en israel

Una

Mujer

Árabe

Libre

En 

Israel 

Cae

Siempre

Hasta que

Otras ellas llegan hasta ella para ella-toda

La libertad es una red de voces silenciada

Yo también

Está oscuro pero aún son las once de la mañana

Está oscuro pero aún son las once de la mañana. Quizá es sábado o domingo, por qué ibas a estar aquí si no. No sé qué estoy haciendo debajo de la cama de tus padres pero aquí estoy. Tumbada y esperando. El suelo no está frío, o tal vez sí, el frío siempre me ha gustado. Ya estás aquí, estoy segura porque veo tus pies y tus calcetines blancos.
Tengo cinco años, tú dieciséis pero a mí pareces un hombre. Mi hermana es ya una mujer, mamá no deja de repetírselo. “Tienes 16 años, tienes que tener cuidado”. Creo que es verano por dos razones: por encima de la pletina de los calcetines, se te salen los vellos, negros y largos, así que estás en bermudas; además hay un enchufe anti mosquitos encendido. En casa no tenemos, son demasiado caros.
Miro a mi derecha y me doy cuenta de que estás a mi lado. Cara a cara. Me haces cosquillas; yo me río. Tú me chistas para que no nos descubran; yo no sé qué es lo que hay que descubrir. Pero como me haces reír, te hago caso y callo. Además, soy consciente de que sólo con una mano puedes aplastarme la cara ¿Por qué se me ocurre esto de repente?
Me pides que mire lo que tienes debajo y obedezco. A los mayores hay que obedecerlos. En comparación con los niños del cole, tienes un pito enorme. Y no sólo eso, además crece a cada segundo, casi con la misma rapidez que tu sonrisa se retuerce. Sí que eres fuerte, si quisieras también podrías aplastarme la cara con él. Me pides que te lo toque pero no quiero. Te miro con seriedad y te lo niego con la cabeza. Sé que hago mal, pero me da miedo, aunque no pueda dejar de mirarlo.
Dices que no puedes más, que sea buena y me vuelves a hacer cosquillas. Yo vuelvo a reír y tú te acercas para quitarme los pantalones. El suelo sigue sin estar frío o sí. Quieres que sea buena y lista, quieres enseñarme cosas que casi ninguna niña de mi edad sabe. A mí los ojos se me salen de las órbitas y asiento. Ahora soy yo la que se acerca. Tu cosa señala a tu ombligo. Me coges una pierna y me la subes a tu cintura. Respiras muy fuerte y me aclaras que eso es bueno.
Tu cosa está ahora entre los labios de mi cosa. Te mueves de arriba hacia abajo. A mí me da calambre pero creo que me gusta. Está muy dura y tu respiración se acelera y es muy ruidosa. Tienes la mirada perdida y me asustas. Escucho algo, una voz a lo lejos, pero tú no estás aquí, conmigo, como antes, estás en otro lugar. La voz cada vez está más cerca. Quiero irme, intento bajar la pierna pero a pesar de la distancia a la que aparentemente estamos, aún sabes que estoy ahí y me aprietas el tobillo con tanta intensidad que me hieres.
Es tu madre. Intento convencerte de que me dejes, te recuerdo que pueden descubrir¿nos?. Nada. Tú sigues. Las zapatillas de casa de tu madre están muy cerca, las escucho acercarse por el pasillo, acompañadas de gritos que llevan tu nombre. Te muerdo para que me dejes. Por fin. Los pies de tu madre ya están aquí, en la puerta del dormitorio. Como había supuesto, era cierto que tu mano es más grande que mi cara. Qué lista soy. Y tú qué rápido, ya te has tapado con la mano izquierda.
Aunque tú y tu padre os os empeñéis, tu madre no es tonta y sabe que estamos aquí. No para de dar vueltas por la habitación. Ella usa los mismos calcetines que tú, pero no tiene tanto vello, aunque sí un par de cicatrices. Detrás de sus pies, está el enchufe para los mosquitos ¡¡¡Yo quiero uno!!! Apenas puedo respirar, me presionas demasiado. Muevo el pie y se oye un ruido.
Las rodillas de tu madre ya están en el suelo. Tiene la bata de casa puesta. Ahora viene un rulo. Rosa fluorescente. ¿Nos? ha visto. Escondidos. No puede hablar. Mira con ahínco. No eres tan rápido ni yo tan lista. Tengo las bragas bajadas. Me da vergüenza. Me las subo y salgo corriendo. Ellos se quedan allí, como dos estatuas.

Corro. Cierro la puerta. Subo las escaleras y toco al timbre de casa. Mamá me abre. Entro a la cocina y enciendo la televisión.
Aún no sé que siempre tendré miedo.

Una cualquiera en la biblioteca

Soy de pueblo y nací en el 85.No teníamos wifi, ni habíamos escuchado hablar de ella.Tampoco imaginábamos que algo parecido a Internet pudieta existir jamás.

El futuro era una película de James Bond y la biblioteca, la risa tonta. 

Ese lugar que solo pisabas cuando tenías que hacer un trabajo, cuyo contenido pronto olvidarías.La mayoría, entre la que me encontraba, se rebelaba contra el silencio normativo con carcajadas y bostezos. Más lo primero que lo segundo.

Después, con el tiempo, ya en la facultad, se convirtió en un espacio de reencuentro esencial. Sustancial. Abrumada por una ciudad que no comprendía y unos estudios que abominaba,me escondía tras la última estantería, al fondo, siempre al fondo, de la biblioteca.Ahí estaba yo. Dosificando la vida que, de tanto desearla, me arrastraba.

Y en aquella orilla, levanté el ancla y volví, sí, hacia atrás, para seguir adelante. Siendo yo. Esencial.

Desde aquel viraje viaje, aquel olor, el de los libros en papel, avejentados y acurrucados, desesperados y excitados, es mi identidad.