Una noche cualquiera en el hospital

En el hospital aprendí que todos los enfermos creen que van a morir por la noche y que a veces tienen razón. También aprendí que cuando la vida tu familia está en juego, la de los demás te importa sólo en función del efecto que la muerte de otros puede tener en ellos. Para saberlo me bastaron dos minutos: los que tardaron los médicos en acudir a la habitación de al lado para asistir y certificar la muerte de un hombre que, segundos antes, gritaba llamando a su madre. En aquellos dos minutos, la mujer que lo acompañaba tuvo que salir al pasillo para que el médico y las enfermeras pudieran desfibrilar al paciente y aprovechó para avisar a alguien de que faltaba poco. Creo que es mejor que vengas. Mientras tanto, yo despegué la vista del teléfono móvil para comprobar que mi padre estaba dormido, para asegurarme de que no estaba enterándose de lo que estaba ocurriendo a unos dos o tres metros de distancia. Efectivamente, los somníferos y la morfina hacían bien su trabajo: sentí alivio al mismo cuando escuché el chirrido de la línea plana del monitor.

El enfermero ofreció un vaso de tila a la mujer y le preguntó por la compañía de seguros, yo me levanté, cerré la puerta y continué con mi partida de Blocxs.

Ma ma: ni poética, ni verosímil

Extraído de www.filmaffinity.com
Extraído de http://www.filmaffinity.com

Que Julio Médem es un autor distinto, nadie lo puede negar, como tampoco nadie puede negar que Los amantes del Círculo Polar fue más que oportuna ni que tras ella una generación de jóvenes y futuros cinéfilos descubrimos otra manera de hacer cine: visualmente sublime, con una banda sonora impecable y conmovedora, simbólica, muy unida al discurso literario pero sobre todo, sincera: el artificio, el extrañamiento bailaban con la verdad. Con armonía. Sin yuxtaposición, juntas la verdad,la belleza y la bondad.
Sin embargo, después de Lucía y el sexo, muy por debajo de la anterior, el cineasta parece haberse emborrachado de forma y otras veces, como es el caso de Habitación en Roma, y me atrevería que en Ma Ma ocurre lo mismo, no sabe de lo que habla. Si Habitación en Roma era un conjunto de lugares comunes sobre los encuentros casuales y el amor lésbico, acompañado de una impresionante banda sonora, Ma Ma rezuma un vitalismo inverosímil y, ojo, no porque ser vitalista en una enfermedad mortal sea imposible, para nada, simplemente porque el cáncer no es como se muestra en la película. Lo que vemos no es ficción, ni poesía, simplemente es mentira.
Sin embargo, es probable que a aquellos que no han padecido, como paciente o como allegado, el cáncer salgan henchidos de positividad y alegría; con los pulmones llenos de aire después de haber pasado por un trance tan amargo de una manera tan dulce, después de haber aprendido tanto. Quizá esta película sólo sea recomendable para este público, el que no haya sido sido testigo de la enfermedad. Los otros, los testigos reales aprenderán poco del mensaje de Médem, porque a la mínima de cambio se le pillan las mentiras.