Una cualquiera en la biblioteca

Soy de pueblo y nací en el 85.No teníamos wifi, ni habíamos escuchado hablar de ella.Tampoco imaginábamos que algo parecido a Internet pudieta existir jamás.

El futuro era una película de James Bond y la biblioteca, la risa tonta. 

Ese lugar que solo pisabas cuando tenías que hacer un trabajo, cuyo contenido pronto olvidarías.La mayoría, entre la que me encontraba, se rebelaba contra el silencio normativo con carcajadas y bostezos. Más lo primero que lo segundo.

Después, con el tiempo, ya en la facultad, se convirtió en un espacio de reencuentro esencial. Sustancial. Abrumada por una ciudad que no comprendía y unos estudios que abominaba,me escondía tras la última estantería, al fondo, siempre al fondo, de la biblioteca.Ahí estaba yo. Dosificando la vida que, de tanto desearla, me arrastraba.

Y en aquella orilla, levanté el ancla y volví, sí, hacia atrás, para seguir adelante. Siendo yo. Esencial.

Desde aquel viraje viaje, aquel olor, el de los libros en papel, avejentados y acurrucados, desesperados y excitados, es mi identidad.