Los apegos feroces: Nueva York no es Woody Allen

Una mujer viscosa repta por las aceras. Arrastra una larva. La cría tiene ínfulas de solidez

los apegos feroces angelasaragon

Poema reseña de Apegos feroces,de Vivian Gornik,editado en Sexto Piso

Una mujer viscosa repta por las aceras. Arrastra una larva. La cría tiene ínfulas de solidez. De ingravidez. Volaré, repartiré historias, degollaré a los violadores, a los alcohólicos, a los puteros y a los santos. A los hombres buenos que solo están. Y miran. Todos miran. Todos penetran. Les rebanaré el pescuezo con mis propios dedos, les clavaré la lengua en el centro de los ojos. La mujer viscosa se detiene, cansada. La larva también. Adora su ser blanco, su estirarse más allá de la ciénaga. El deseo es más fuere que la miseria. La mujer viscosa reemprende su arrastre, anhela el rojo del semáforo de la calle 13. Mira a la larva. No la entiende. Degollar a quién. Degollar por qué.
Por fin el rojo. Se observan. Se ven. La una a la otra. No pueden, no tienen fuerza para tanto ojo. Echan la vista atrás para esquivarse. No recuerdan, no pueden. No articulan, ¿de quién esa baba?

Leonora o la mujer yegua

En la la novela, la mujer yegua se come la vida,se araña las sienes,vomita la cordura en medio de la guerra

La mujer yegua se come la vida,se araña las sienes,vomita la cordura en medio de la guerra.La mujer yegua no sabe que sus amigos y amantes un día serán todo un plan de estudios.Pero Elena Poniatowska es demasiado generosa en  ritmo: acelera,acelera, acelera y de tanto acelerar, todos,menos la mujer yegua, quedan reducidos a vestigios