Remolinos en septiembre: Mujeres, amor, sexo y SMS

“Mujer
ni mucho ni poco
sentipensante
adora sus pechos
y teme el dolor
se ofrece
para quitar etiquetas
romper tacones
y destrozar corsés
Si os interesa
amable y folláblemente
os escucharé”

Título: Remolinos en Septiembre

Autora: Antonia López Valera

Género: poesía

Editorial: Carena

Disponible en: Amazon

Antonia López Valera nace en Bullas (Murcia) el 29 de octubre de 1972. Realiza los estudios de Filología Hispánica en la Universidad de Granada, y se dedica a la labor docente desde el 2000, en diferentes institutos de Andalucía. Desde el 2011 participa en el Proyecto de Innovación Educativa con la elaboración de materiales didácticos sobre poesía: Mujeres poetas en los 80.

La poeta murciana Antonia López Valera, cuasi granaína, confiesa haberse roto siendo muy joven al querer ser como las demás:  Envejeció y se volvió anciana pero siguió siendo ella.

Parte de esta asunción de saberse anciana hacia la ilusión de un nuevo amor. Fantasea con la idea de construir una relación nueva, libre de ese amor romántico que un día la rompió y envejeció antes de tiempo. Para ello, la pareja no recurre a la experiencia teórica sino que se apoyan en la libertad de ser lo quienes una son y en la vulgaridad de todos los días. La poeta acierta al sublimar lo cotidiano a través del lenguaje simbólico que recorre el poemario a lomos de encabalgamientos que contribuyen a que estas dos mujeres traten de esquivar sus contradicciones con amor y humor.

Con estas actitudes se reconoce al mismo tiempo la consciencia de que la relación que las une terminará muy posiblemente cuando la pasión las traiciones abandonándolas. Cuando el cuerpo se tranquilice y la mirada interior y exterior se contrapongan con esa excitación primera que llena todos los espacios. Luego llega el yo, lxs otros y la magia desaparece, sin que esa consciencia implique la negación a vivir esa especie de locura o de distorsión maravillosa que es el amor.

Remolinos en septiembre reflexiona sobre el deseo de construir una relación ladrillo a ladrillo, de forma consciente, sin tener en cuenta los convencionalismos. Sin embargo, ese deseo  entra en contradicción con el material con el que las amantes están hechas. Ellas, como todxs, están hechas de tradición y romanticismo, de princesas y reinas, y por tanto, parece imposible deshacerse del imaginario del que huyen, porque ya es suyo.

Así, se conjuga en los poemas la certeza de ser mujer y amar a otra mujer, el deseo de amar de forma distinta y la irrupción del mito de “la reina de la casa”, como un jarro inevitable de agua fría. Esta frialdad se abre paso entre las dos mujeres progresivamente, al mismo tiempo que Antonia López Valera se va zafando del vórtice de septiembre, para dirigir su mirada hacia ella misma y su conciencia, con sus piedrecillas.

Así, podemos considerar Remolinos en septiembre como una revisión de la naturaleza, las normas culturales y cómo éstas se cuelan hasta lo más íntimo: nuestra forma de amar y de relacionarnos, incluso cuando luchamos activamente contra ellas. Todo ello a través de símbolos e imágenes que juegan con los elementos naturales. En un entorno y en unas vidas cotidianas, libre de misticismo y mixtificaciones, va directamente a lo vivencial, a la experiencia para ofrecernos una historia de amor real.

Para que puedan disfrutar más de la obra os dejo aquí el podcast de su presentación en la librería Antinous en Barcelona, disponible gracias a InOutRadio.com

Elisa frente al mar: El silencio nos mata

Clara Asunción García va directamente a los pilares de la tierra y desnuda su morbosidad, su enfermedad

elisa frente al mar papeltulo: Elisa frente al mar

 Autora: Clara Asunción García

Género: novela

Disponible: claraasunciongarcia.blogspot.com.es

Elisa frente al mar tiene tres protagonistas, Nuria, Valeria, Elisa y Nacho, y un antagonista: el silencio. El silencio carcome la vida de unos personajes que no hacen ni más ni menos que lo que se debe hacer, construyendo así un juego de realidad y apariencia que cristaliza la violencia que han sufrido generaciones enteras y que, aún hoy, siguen causando muertes.

La narradora, Nuria, cuenta la época de su vida en la que empezó a ser quien es, el momento en el que toda su existencia se paró para que el resto de su vida fuera un retorno a ella. Nuria reflexiona sobre esto cuando recibe un correo de Elisa, su primera relación de pareja, tras décadas de ausencia, para sugerirle un encuentro en el mismo lugar donde lo mejor y lo peor de su relación había sucedido. Nuria acepta y a partir de aquí rememora su adolescencia, hecho que nos sirve para conocer a su amiga Valeria y su empuje. Ésta, admiradora de Leño y lenguaraz, verbaliza los sentimientos de la narradora antes que ella misma y le insta a vivir su vida en libertad, al mismo tiempo que oculta el maltrato de su padre a su madre, el mismo maltrato que acabará con la vida de la madre y de la hija. Todo ello enmarcado en viaje temporal desde un mediterráneo ochentero, que poco tiene que ver con la pretendida eclosión de libertad, a la actualidad.

El mito de los ochenta no es el único que tira abajo, sino que también nos lanza a la cara con una eficacia notable, sin agresión, pero yendo directamente al grano, el desafío que supone ser mujer homosexual en una sociedad patriarcal. Todxs hemos escuchado o dicho la modernez de lxs tolerantes “no comprendo qué cojones le importa nadie con quién te metes en la cama”. Reconociendo su buena intención, Clara Asunción García deja claro aquí la ingenuidad de la afirmación, porque como explica Nuria, reconocer que tu sexualidad es diferente supone una amenaza a todo el sistema que sustenta nuestra sociedad, de manera que en el instante en el que identificas tu diferencia el peso de toda ella cae sobre tus hombros, en muchas ocasiones hombros de niña “Nunca pude volar y la adolescencia se perdió y esa amputación […] mutiló una parte vital de mi”. Independientemente de lo que hagas después, si callas o hablas, siempre pagas un precio, “ni me mentí ni mentí a otros. Hubo un precio que pagar, pero las Elisas de este mundo también pagaron el suyo”. En cualquier caso, siempre serás el o la otrx, frente a las reglas de lxs demás.

Si el silencio de Elisa hirió de soledad y humillación a las dos, el de estos dos personajes y el de Valeria mató a esta última. El maltrato como realidad oculta, como secreto a voces, como cárcel invisible construida colectivamente está también presente en Elisa frente al mar. Nadie se salva porque la sospecha estaba inoculada en cada en uno de los personajes, incluso en el de su novio, sin embargo, ninguno tuvo el arrojo necesario para ayudarlas. Él tenía la pistola, pero no fue el único que le apretó el gatillo. En el terrorismo machista la violencia la ejerce el macho y la complicidad silente de aquellxs que no osamos más que a sospechar.

La novela de Clara Asunción García no es una novela de dos chicas que se enamoran y se separan porque una de ellas no se acepta. No. Es mucho más que eso. La autora va directamente a los pilares de la tierra y desnuda su morbosidad, su enfermedad: la norma, la rigidez, la antinomia, el nosotros sobre vosotras, el nosotrxs frente vosotrxs, la homogeneidad y el poder son los que engendran la violencia, presentándolos aquí a través de sus actores primigenios: la heterosexualidad y la masculinidad.

Elena Medel en una entrevista reciente declaró que el acto literario consiste en convertir una experiencia en un relato universal. Si esto es así, Elisa frente al mar es literatura.