La voz de Natalia Litvinova es poesía

natalia litvinova angelasaragon

En una entrevista de 2013, Natalia Litvinova afirmó que la vocación de la poesía es “contracturar lo lineal”. La definición es simplemente perfecta. Tan certera como cuando Rosa Chacel en De mar a mar (Comba, 2015) aseguraba que la literatura “aspira a la verdad”. De hecho, me parece que ambas definiciones son sinónimas entre sí. La verdad y el orden son categorías que entran en conflicto con demasiada frecuencia. Sobre todo cuando se trata de dar sentido.

Tras la publicación de su último libro, Cesta de Trenzas (2018), en la Bella Varsovia, si no antes, habréis conocido su historia. Aquello que siempre se destaca de ella cuando se le presenta. Su origen bielorruso, el traslado de toda su familia a Buenos Aires después del “accidente” de Chernóbil. Su ser encarnación de dos tradiciones tan distantes como la eslava y la latinoamericana. Incluso, su asunción de hablar un idioma extraño

“volver en ruso no es lo mismo que en castellano. Volver en los dos idiomas. Doblemente imposible”. Grieta, 2014, Amargord ediciones

Quizá sea ese el origen primigenio de la poética de Natalia Litvinova. Lo imposible. Y por eso, el tiempo y la Historia en su obra arraigan en una suerte de espacio aterrenal, “invoco el amanecer, pero el tiempo se quiebra, y vuelvo donde nunca estuve. Esta casa que deshabito exhala poemas y rompe mis brazos(Grieta).

Otras veces, da la impresión de que su obra es justo lo contrario: la música de la naturaleza peleando por hacerse palabra y, por ello, no podemos definirla, porque el abedul, el caballo, la abeja, el néctar son. Existen, sin nosotros. Sin necesidad de lo humano, no precisan un lenguaje que sea comprensible para nosotros. Están, se mueven, caen, humedecen, resucitan. Las personas solo atestiguamos o, en la mayoría de los casos, los exterminamos. Como el accidente a su “pueblo de esclavos”.

O tal vez, con ese verso reconcentrado pero infinito, intente desatar el silencio de una estirpe que se cristaliza en el silencio de su abuelo. Antiguo prisionero de guerra, dejó de hablar al volver al hogar. Así fue como se convirtió en un misterio de movimientos pequeños. Natalia Litvinova confiesa su fascinación por él. Lo observaba para descubrir, o para descubrirse “a veces uno es el otro, tan otro que es uno(Grieta).

Esa búsqueda en el otro entra en contradicción con uno de los muchos rituales familiares que desvela en Cesto de trenzas. Tapan los espejos para no enfadar a los muertos. Ella los desafía, de frente, consciente de que “los rituales son huellas para que tu bestia te encuentre y te coma”.

Partiendo de ahí, sería fácil llegar a la conclusión de que su talismán es el lenguaje. No en vano aprendió a hablar español en una biblioteca, con los libros de Lorca. Fue así, con los versos lorquianos, cuando comenzó a romper su silencio hispano. Después, llegó la palabra escrita, que no deja de ser una versión del mismo. Llama la atención que fuera precisamente con el poeta granadino, sobre todo cuando leemos la historia del desafío materno a las convenciones del pueblo, tan similar a La Novia de Bodas de Sangre, que tras cumplir con cada rito, decide marcharse, dejarlo todo, para adentrarse cada día en el bosque y encontrarse con su amante a lomos de un caballo negro. Cada día hasta que se acaban los días, porque “la eternidad es corta(Grieta). No queda otra que escribir para detenerla, “por si el ayer no entra en el futuro del poema”.

Por tanto, y a pesar de ese mutismo bilingüe, prevalece una pulsión insólita de contar la resistencia no solo a la catástrofe sino a la certeza de su inminencia. Su familia, su pueblo, permanecen atados a la tierra y a lo etéreo. De hecho, lo último sostiene a lo primero. Rezar, callar, guardar trenzas o escribir para ser, para existir como la naturaleza, como la abuela: cabeza humana y cuerpo de pájaro (Cesto de trenzas). No importa el cauce, lo esencial es la solidez de un linaje maldito. Hoy respiras o cantas un “que los cumplas feliz” y mañana remiendas la última leucemia. Esa certeza recorre las entrañas de una Natalia Litvinova que afirma en Todo lo ajeno, (Vaso roto, 2013)

“escribir es ir hacia la herida para curarla con veneno”, “mi accidente es interno”.

Es entonces cuando se muestra como una Casandra inversa. No recuerda el futuro. De hecho, “mi voz no parece salir de mi voz (…) lluevo huellas de los que me tocan. Soy polvo” (Todo lo ajeno). Esa voz se esmera en la precisión de la palabra firme pero serena, sin gritos: “a los agresores también les duele. No se ruega ni se pide, el dolor se va y esa voz atragantada podría ser tu don”.

Y sí, su don es ser memoria humana y de la tierra. Es ser voz de lo que no existe. Su don es la Poesía. Su voz es la poesía.

La Bella Varsovia y Pre-textos apuestan por la poesía escrita por mujeres

La palabra del año 2017 en las redes ha sido “feminismo”. Internet se ha convertido en un espacio de discusión inesperado, o no, en este sentido. Junto a ella, se han multiplicado las acciones de visibilización del papel de las mujeres en todas las disciplinas. En el caso de la literatura, ha destacado el fenómeno #leoautoras. Pero para leer, hace falta publicar. Así, La Bella Varsovia y Pre-textos comienzan el año con la publicación de libros de poesía escrita por mujeres.

La palabra del año 2017 en las redes ha sido “feminismo”. Internet se ha convertido en un espacio de discusión inesperado, o no, en este sentido. Junto a ella, se han multiplicado las acciones de visibilización del papel de las mujeres en todas las disciplinas. En el caso de la literatura, ha destacado el fenómeno #leoautoras. Pero para leer, hace falta publicar. Así, La Bella Varsovia y Pre-textos comienzan el año con la publicación de libros de poesía escrita por mujeres.

La Bella Varsovia, editorial pionera en la publicación de poesía escrita por mujeres

Esta pequeña y joven editorial andaluza puede presumir de tener en su catálogo los mejores poemarios publicados en los últimos años. Ha sabido reunir a las voces más rompedoras de una generación en la que las mujeres están en la vanguardia. No es de extrañar, por tanto, que sus novedades de 2018 estén marcadas por las presencia, casi exclusiva, de mujeres comprometidas con la poesía.

Berta García Faet, Corazón tradicionalista. Poesía 2008-2011

poesia escrita por mujeres para escaparse

No estamos ante una antología, sino ante la edición de los primeros cuatro libros de Berta García Faet en un solo volumen. Estos tienen la suficiente entidad y unidad poética  para merecer un título de esta índole. Disponible ya en enero, podremos hacer un recorrido por sus temas y, sobre todo, por esa manera tan especial de tratar el lenguaje y reflexionar sobre el mismo. Quienes amamos este género, nos entusiasmamos con su propuesta.

Por tanto, encontraremos Manojo de abominacionesNight club para alumnas aplicadas, Introducción a todo y Fresa y herida.

María Martínez Bautista, Galgos

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La joven poeta madrileña cuestiona nuestra forma de mirar el mundo. Con temas clásicos en la poesía escrita por mujeres y en todo el género, como el paso del tiempo, la felicidad o la bella, sorprende por la limpieza y precisión de su escritura. Con ella crea una música profunda por la que nos moveremos ¿a toda velocidad?

Natalia Litvinova,  Cesto de trenzas

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La personalidad de Natalia Litvinova ya es incuestionable. Sabe escarbar en unos orígenes que constituyen un sustrato poética descomunal para construir una voz única: tuvo que huir de Bielorrusia tras el desastre de Chernóvil. Si bien ya en sus otros poemarios investiga en la genealogía, en los paisajes familiares, recordados o imaginados, en el desarraigo de lo que apenas se conoce…, aquí subraya el conflicto a través de una historia más concreta, pero igual de salvaje.

Pilar Adón, Las órdenes

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El hogar familiar puede ser un cobijo o un abismo. En el caso de las mujeres, los roles que se nos asignan suponen una amenaza tan radical como el imaginario de la autora. Así, pues Pilar Adón se suma a esa poesía escrita por mujeres que reflexiona sobre los obstáculos que debemos sortear ya en nuestro origen.

Pre-textos edita a mujeres premiadas

Este sello abre 2018 con dos mujeres premiadas y muy premiadas, habida cuenta de que han recibido dos de los premios de poesía más prestigiosos, el Premio Internacional de Poesía Emilio Prados y el Premio Vicente Núñez de poesía Premio Vicente Núñez de Poesía 2017, respectivamente.

Gracia Aguilar, Libérame domine

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Gracia Aguilar se presenta como una mística de la tierra, del aquí, de todos. Revisa una tradición literaria que pide a Dios la muerte para poder encontrarse con él, para vindicar el deseo de ser todas las cosas aquí, en la vida terrena. Aquí tienes el dos poemas que ejemplifican dicha pulsión.

Ana Pérez Cañamares, El espejo discreto

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Ana Pérez Cañamares ya tiene un espacio propio en la literatura. Quizá sea la propuesta más intimista  de las seleccionadas. Pero lo íntimo, la mirada hacia adentro puede ser tan potente y universal que la que mira hacia el afuera. Por tanto, en El espejo discreto, nos encontraremos un juego de resonancias y reverberaciones con los que la poeta jugará para ponerse y ponernos en cuestión.

Los textos citados no solo nos servirá para continuar con esa estela tan hermosa de leer autoras, sino para conocer y disfrutar con algunas de las voces más interesantes de poesía en español actual.