Ángeles Mora: la voz de la Poesía de la experiencia también es femenina

Post sobre la poesía de la experiencia y Ángeles Mora, una de las poetas (mujer u hombre) más importante del grupo y de la poesía española contemporánea

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Años 80. El amor por la Moda juvenil llega a todas partes. La búsqueda del placer no tiene límites, como tampoco los tiene su expresión. La diversión como lucha, frente a la grisura de los trajes de domingo y las fiestas de guardar del imperio franquista. La collares colgada en las habitaciones de lxs estudiantes con pollas dibujadas a mano a flor de labio. La estética como ética. El posmodernismo llega Madrid, sobre las cenizas de lxs abogadxs de Atocha. Y de ahí al cielo, a Televisión Española y a las provincias.

Los rojos, su intensidad, su enfado están demodé. Cosas de viejos.

Pero hay una ciudad, muy pequeña, pueblerina, donde los punkies, los flamencos, los estudiantes y los rockeros conviven. Es Granada. Granada putrefacta, sí, pero madre biológica y de acogida de grandes artistas, el refugio de lxs intensxs. Allí, en las aulas y en los bares se encuentra un gran maestro: Juan Carlos Rodríguez, y algunos alumnxs rarxs, muy rarxs, que aún creen en la lucha de clases,-no como fe sino como lugar-, en la poesía como instrumento de construcción de conciencias; en el tabaco, la música y en el whisky.

Querían usar la poesía para hablar con la gente, no a la gente. Estudiaron la tradición, la desmenuzaron y tres de ellos, Luis García Montero, Javier Egea y Álvaro Salvador, firmaron un documento en 1983, el Manifiesto de la Otra sentimentalidad. Los poetas granadinos veían cómo la industrialización y la burguesía había usado “la poesía para reproducirse”.

Partiendo de esta base, el objetivo estaba claro: hablar del yo cotidiano, de lo que le ocurría a la gente normal con un vocabulario propio de ese ámbito, pero tamizado con el lenguaje poético. Los jóvenes se encontraban en la obligación de hacer poesía para la calle, sin renunciar a ninguna de las partes del binomio. Solo así volvería el poema a encontrarse con los lectores. El propósito era ambicioso: participar en el intento de construir una sentimentalidad distinta, libre de prejuicios, exterior a la disciplina burguesa de la vida

Más tarde, ellos mismos prefirieron nombrarse como poetas de la experiencia, remitiéndose a a obra The poetry of experience, de Robert Langbaum, que apostaba por un concepto más teatral de la creación poética. La obra como espectáculo, donde el sujeto no es un yo que usa el verso para descargar su inquietud íntima, sino que buscaban la creación de un yo distinto, más orientado a lo público que a lo privado. Es aquí donde ingresan en el grupo, -quizá uno de los últimos reales-, autores tan emblemáticos como Benjamín Prado, pero ¿qué pasó con las mujeres? ¿acaso la voz de la experiencia era solo masculina?

No, evidentemente, no. Hay poetas mujeres de la experiencia y muy buenas, tanto como ellos, ¿por qué no son tan conocidas como todos los nombrados hasta ahora aquí? Preguntadle a los machos de la industria editorial y a los medios de comunicación. Yo tengo clara la respuesta.

En cualquier caso, quiero hablaros de una de las más prolijas y más interesantes: Ángeles Mora.

Ángeles Mora: una gran poeta de la experiencia

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Nacida en Rute en 1952, su último libro Ficciones para una autobiografía (Bartleby editores, 2015), nos da una idea de su conexión con la poesía de la experiencia. Solo el título nos remite a esa ficción del yo que nos sirve para identificarnos con un sentimiento o una idea compartidos y para reflexionar sobre los temas que lo construyen. Ese sujeto poético, ese yo, es en puridad, un canal para dialogar con el tiempo, la infancia, la poesía, el capitalismo, los días minúsculos, el género, sin olvidarse de sí misma: “La poesía es una manera de pensar, de aclarar los misterios de mi vida, de la vida“.

Y es en esta afirmación donde está su verdadera originalidad. Ángeles Mora no era como sus compañeros, porque era mujer. Ella, como todas las de su generación, había sido educada para otra cosa, así que después de terminar su carrera como maestra, iniciar su licenciatura en Filología hispánica y tener sus tres hijas encontró en la literatura una herramienta para entender el mundo, pero también de construirse a sí misma. “Cuando escribo, me escriben”.

Ya en 1989 se le concedió el premio Rafael Alberti de Poesía por La Guerra de los treinta años y a este le siguieron muchos más, incluido el Premio Nacional de Poesía en 2016. Sin embargo, a pesar de ser una de las poetas más laureadas, su obra no ha tenido la misma difusión que la de sus compañeros, a pesar de habernos regalado poemas como:

Atravesé aquella ciudad/ buscando un sueño./ En ella viví –extraña–/ y cada cuerpo/ que me crucé en la calle/ era una letra / en mi libro de sombras. (…) Ya sé que estamos solos, / que cada uno/ es un cuaderno/ aparte./ Atravesé aquella ciudad/ queriendo hacerla mía/ –te buscaba–/Tracé en mi corazón/ las rayas de sus calles,/los nombres de sus plazas. Con la caligrafía de un niño/ dibujaba sus árboles, sus fuentes, / en la página blanca, hasta cubrir el vértigo / de los ángulos vacíos de mi diario./ Durante un tiempo, sí,/ atravesé aquella ciudad,/ sin encontrarte, /cruzándome contigo.

Bajo la Alfombra, 2008

Con joyas como esta, hoy es académica electa de la Academia de Buenas Letras de Granada y participa activamente en la vida cultural de la ciudad, dirgiendo proyectos interdisciplinares para impulsar la creación joven.

Como decíamos la voz de la poesía de la experiencia también es femenina, alta, clara y excelente.

La inutilidad de los miércoles, María Castrejón

La niña loca brama cuchillas en un rincón

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Poema-reseña de La inutilidad de los miércoles,de María Castrejón, editado en Huerga&Fierro

La niña loca brama cuchillas en un rincón  Y en esa esquina se abre un osario de verdades: mujeres y párvulos mueren antes de nacer hombres se descoyuntan violando solo se salva uno La espera sonriendo inmune a las cuchillas, amante de los gritos de la niña y el niño de la niña. La niña loca no miente, se pasea por las venas de la loca recipiente  de las nubes y el infierno, día sí día sí miércoles no o si No importa el tiempo es tardanza herida amor poesía e hijo cuerdos Uñas y dientes

La mujer loca es del mar y del cielo De arriba y abajo, no del medio Porque en el medio estamos el resto sano de costumbre de rendirse En el océano duermen las sirenas azules libres de hospitales compartidos No hay enfermeras olvidando los ojos que ya no miran ni aceras como monstruos

En el océano la mujer y la niña duermen