In memoriam…Transparent: la serie de los parias de la tierra

¿el género es un sentimiento? ¿usaremos ese verbo “sentir” porque no tenemos una palabra que exprese lo que significa la realidad trans? ¿no somos todes muy trans? ¿no nos sentimos insatisfeches con quiénes somos o con cómo somos percibides?

Transparent no ha muerto. A Transparent la han matado, pero, como sucede en las mejores agonías, en el último capítulo, una película musical que, reconozcámoslo, a todes nos echó para atrás cuando nos enteramos de su existencia, parece haber encontrado la verdadera esencia de la serie: una llamada a construir la felicidad en el destierro. Este es, a mi juicio, lo que aporta Moura a la familia Pfefferman: la oportunidad de salir de la normatividad y buscarse a sí mismes, con el terremoto que eso supone.

A pesar de la fascinación que siento por Transparent, reconozco que, al principio, me costó entrar en ella. Aunque la trama principal, mi padre y mi ex marido es una mujer trans, atrajo en seguida mi atención, no conseguía empatizar con unos personajes privilegiados socioeconómica que vivían en casoplones y recurrían a la chequera de papá, a Mapa, como llamarían a Moura tras su salida del armario. Quizá fue la, por entonces, Ali quien consiguiera que al tercer intento, me enganchase y más que eso, se convirtiese en una de mis series de referencia. Sin embargo, la frase de Moura “no me estoy vistiendo de mujer, todos estos años me he vestido de hombre”, me resonaba en la cabeza. Tal vez, por eso, le di tantas oportunidades. De alguna manera, todos nos disfrazamos, pensé, de hecho, ahora caigo, Ali aún estaba buscando su disfraz.

Tampoco entendía del todo por qué el judaísmo tenía tanto protagonismo, aunque pronto comenzó a interesarme: es curioso que una familia que podría pasar por laica estuviera tan arraiga a una religión y a una cultura que, al menos yo, tomaba como obsoleta y reaccionaria, como todas las sociedades fuertemente ligadas a una religión. En cualquier caso, encontré un gran placer intelectual al ver ese fenómeno extraño: una manera de vivir, pija, snob, chauvinista, pero con unos vínculos familiares y culturales muy fuertes y contradictorios con las características anteriores.

La serie de Amazon me emocionaba con una cabecera simplemente magistral, me intrigaba con las reacciones locas y desmadradas de les hijes, me enternecía con la soledad de la madre, con la complicidad entre ella y Moura y, ahora sí, me reconocía en la red de apoyo que la comunidad trans había sabido construir (aunque las condiciones materiales de esa red de apoyo, empezando por el Centro de la comunidad, también me dejaban ojiplática: aquí es ciencia ficción). Pero mi relación con Transparent ha sido más de choque intelectual, de un recibir hostias sin saber de dónde venían, que del fanatismo entusiasmado propio de sagas como Juego de Tronos. Ahora me doy cuenta de por qué: tenía tantas preguntas, las tramas me suscitaban tantos interrogantes que no podía salir de la sorpresa.

transparent serie angelasaragon

Transparent Finale me ha llevado a detectar esas preguntas, algunas de las cuales ahora, y siempre, están presentes en el debate interno del feminismo ¿ser trans implica comportarse heteronormativamente? ¿por qué llega una persona a decir “me siento una mujer” o “me siento un hombre”? ¿el género es un sentimiento? ¿usaremos ese verbo “sentir” porque no tenemos una palabra que exprese lo que significa la realidad trans? ¿no somos todes muy trans? ¿no nos sentimos insatisfeches con quiénes somos o con cómo somos percibides? ¿por qué cuando pensamos en nuestra propia transición a quienes queremos ser recurrimos al cuánto y no al qué ni al cómo? ¿no estamos faltes de preguntar por qué?

Tras haber podido poner en pie todos esto, y alguno más, he llegado a la conclusión de que sin saber verbalizar lo que me pasaba con Transparent, esta serie tiene el potencial de cambiar vidas, probablemente por el desconcierto que genera. Porque sí, todes somos trans en uno o varios aspectos de nuestras vidas. Todes andamos buscándonos, construyéndonos y todes nos sentimos fuera del sistema de algún modo. Por eso, es tan importante tener una red de apoyo, personas reales que están ahí para aceptarte como eres, con tus contradicciones contigo misme y con lo que no se espera de ti. La comunidad lgtbi+ sabe mucho de eso. En eso consiste su revolución, nuestra revolución: cada une de nosotres hemos sido y hemos tenido hermanes de acogida, gente que nos ha dado la oportunidad de ser quienes somos, sin juzgarnos y sin juzgar. Y aquí es donde también me empieza a cuadrar la insistencia en el judaísmo privilegiado: si viene del destierro milenario y del genocidio, ¿no debería ser el judaísmo la cultura de  les que perdieron la tierra, de les desterrades, de quienes no significan nada? ¿No debería la comunidad judía ser la red de apoyo de les desahuciades? ¿La libertad fuera del margen?

No puedo esconder mi entusiasmo, como tampoco puedo obviar que hemos llegado a este Transparent Finale se lo debemos al despido fulminante de su protagonista, Jeffrey Tambor, un hombre cishetero acusado de acoso sexual por varias personas de la serie. Dos paradojas. La primera está vinculada a la reivindicación del colectivo trans: si hay un personaje trans, ¿por qué no lo interpreta alguien del colectivo? La segunda, que el actor que encarna la necesidad de emprender esa búsqueda de la verdad íntima a través de una colectividad que te ama y te respeta incluso cuando no te entiende, esté acusado de violentar la libertad sexual, laboral y emocional de sus compañeres. Dos paradojas que fuera de la ficción que ¿vienen a reforzar los valores de la serie? Más preguntas.